Nueva crónica de Carnelli: «Nuestro Primero de Mayo en América», 1937


                                   «Nuestro Primero de Mayo en América»

(Ahora del 1º de mayo de 1937)


La jornada del Primero de Mayo, la jornada de la solidaridad proletaria internacional, se celebra este año bajo el signo de la lucha heroica del pueblo español por su libertad y su independencia nacional». Este grito, que recorre el mundo en estos instantes, ha de encontrar su máxima resonancia en aquel continente que, por razones espirituales y de idioma, se halla más cerca que ninguno del pueblo antifascista español.

La suerte de España, que se debate hoy enconadamente en Madrid y en Aragón, en el frente cordobés y en el norte vasco, será en un plazo cercano la suerte misma de América.

El instinto de las muchedumbres que viven -o mueren, mejor dicho- en el infierno de los cauchales y de las minas, en la maraña ardiente de la selva o en la aridez de las mesetas cordilleranas, lo comprende así; de allí que, acaso por primera vez desde hace cinco siglos, se muestran en un gesto activo de amor hacia la que sólo de ahora sienten, y de manera profunda, como a su madre patria.

El doctor Gregorio Bermann, eminente médico argentino, que se ha incorporado al Cuerpo de Sanidad del Ejército Popular, dijo en un mitin del Socorro Rojo realizado en Valencia que recién ahora se lleva a cabo la conquista de América: la conquista por el amor, la conquista por el espíritu. Exacto. La España feudal que sojuzgó a nuestra América indígena, a la América que desconocía el trabajo servil y la propiedad privada de la tierra; la España de la Iglesia opresora y reaccionaria; la que nos donó la «encomienda» y la «mita»; la que succionó hasta la última gota de sangre del indio, al que le arrebató su tierra y su libertad; la España del parasitismo y la explotación; la de los vacíos actos de «confraternización hispanoamericana»; la España que intentan perpetuar vanamente los generales felones, no podía exigir el amor y la correspondencia espiritual de nuestra América. Las oligarquías del Continente sí podían seguir unidas por un podrido cordón umbilical a la vieja y caduca España semifeudalista, pero nunca las masas populares, ansiosas de libertad, de democracia y de justicia.

La España de hoy, que lucha por estos altos y humanos principios de redención social, realiza, al fin, la conquista o reconquista, del nuevo continente.

La guerra, que desborda ríos de sangre y que troncha la flor de la juventud sobre los campos hispanos, asegura, sin embargo, la eclosión de una nueva juventud, pujante y vigorosa.

España renace, y sus muertos, sus inmortales muertos de hoy, le abren de par en par las puertas del futuro. De ese futuro en el que caben no solo su propio destino, ¡también el destino de América, también el destino del mundo!

María Luisa CARNELLI

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